COLOQUIO 3 - AÑO I, N° 3

BIBLIA-SALMOS

LA REVELACIÓN DEL NOMBRE DE DIOS
EN LOS 5 LIBROS DEL SALTERIO

P.Fernando Rivas

INTRODUCCION

Si bien el salterio tiene como riqueza, según palabras de R. Guardini, el hacernos "patentes a nosotros mismos: que pongamos ante Dios nuestro corazón tal como es, y no solamente como lo conocemos, también lo que tiene escondido, también su oscura profundidad" ,ese conocimiento se da ante la mirada de Dios. El hombre que reza los salmos se descubre y reconoce a sí mismo en la presencia de Dios y por eso el encuentro con Dios y la revelación de su Ser va inseparablemente unida a descubrimiento de sí.

Por eso vamos a tratar de señalar la forma particular en que se da esa revelación del ser de Dios y de su Nombre a lo largo de los 5 Libros del Salterio. Y si bien en cada uno de ellos encontraremos una característica que le es propia, sin embargo ello no significa que sea independiente o excluyente de las otras. Por el contrario la complementariedad es lo que constituye la riqueza de ese único Nombre del Señor cuya revelación y conocimiento constituyen la fuente de salvación para quien reza los salmos.

1. El Libro 1º del salterio (sal. 1-40): la entrega del "Nombre".

El profesor R. Tournay o.p., de la Escuela Bíblica de Jerusalén, considera que el Salterio fue formado como "libro" con el fin de hacer vivir a los fieles que lo rezan la experiencia de los grandes profetas, de "ver y oír a Dios" en la liturgia, por intermedio de los salmos. Y es en este sentido que el Libro 1º de Salterio entrega a quien lo reza la dos grandes revelaciones que Dios hizo al "profeta" Moisés (Deut 34,10) en el Sinaí: la Torah (Ley) y su Nombre.

Así todo el salterio comienza proclamando:

1. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos...
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
2. Sino que su gozo es la Ley del Señor,
y medita su Ley día y noche.
3. Será como un árbol,
plantado al borde de la acequia
4. da fruto en su sazón,
y se marchitan sus hojas,
y cuanto emprende tiene buen fin.

Todo el salterio señala la bienaventuranza del hombre que encuentra y medita la Ley del Señor, en su sentido más profundo: la Ley es la voluntad amorosa del Señor que ha elegido a su pueblo y lo guía por sus caminos (sal 24). Y siguiendo los más antiguos comentarios acerca de los salmos la Ley nos es otra cosa que el Árbol de la Vida, que quedó cerrado en le Paraíso, para que el hombre no lo arrebatase. Ahora, en los salmos, el Señor se lo entrega. Por eso el que abre el salterio y su "gozo es la Ley del Señor...será como un árbol...".

Un comentario al Génesis (Targum) que Cristo mismo oyó como catequesis bíblica de su tiempo decía: "Antes de crear el mundo, Dios creó la Ley... La Ley es más provechosa para quien la cultiva, que el árbol de la vida, esta Ley que la Palabra de Yahvé ha preparado para quien la guarda, para que el hombre subsista y camine por los senderos del camino de vida en el mundo futuro".

Y San Ambrosio, retomando dicha tradición se preguntaba: "por qué será cómo un árbol sino porque ha comido del árbol de la vida?"

Sin embargo el salterio sabe bien que los caminos que conducen a ese Árbol no siempre parecen al hombre ser de vida.

Y por eso la formulación de la Ley no queda limitada a un precepto (cf sal 118), sino que contiene toda la riqueza del misterio luminoso de Dios y las oscuridades del corazón del hombre, y por eso dice en el salmo 18:

8. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante ;
...............................
10. los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos;
11. más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.

12. Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
13. ¿quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta,
14. preserva a tu siervo de la arrogancia...

Pero junto con la Ley, Dios entregó a Moisés la mayor revelación que podía hacer de sí mismo: su Nombre=Yahvé: "El que es", para que pudiera ser invocado por el hombre en la tribulación. Un dios de quien se desconoce el Nombre se ignora todo y no se puede establecer ninguna relación con él. Y por eso el profesor Tournay considera que ese es el cometido del salmo 8 que irrumpe rápidamente en este libro para revelarnos el Nombre de aquel que es nuestro dueño:

2. ¡Señor, dueño nuestro,
qué admirable es tu Nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.

La revelación del Nombre del Dios de Israel fue la primera experiencia profética de Moisés, ante la zarza ardiente (Ex 3,10-14), más tarde confirmada por las teofanías del Monte Sinaí. Y por eso el salmo 8 es considerado una verdadera teofanía del Nombre de Yahvé: manifiesta su Ser, revela su presencia.

Y entonces, a partir del salmo 9 vemos al salmista comenzar a invocar el Nombre del Señor en toda tribulación:

2. Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
3. me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.
4. Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.

La alabanza del Nombre del Señor se transforma en un arma poderosa incluso en manos de los seres más indefensos:

3. De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde

Y ese Nombre el hombre lo encuentra escrito y presente en toda la creación, desde los cielos:

2. El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos.(sal 18)

En el mismo hombre, dotado de una grandeza que supera toda belleza inanimada se manifiesta la gloria del Nombre de Dios:

6. Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad;(sal 8,6)

En estos pasajes citados vemos contenida la primera revelación que hace Dios de su ser más íntimo: su Nombre significa que es "dueño y hacedor" de todas las cosas:

2. ¡Señor, dueño nuestro,
qué admirable es tu Nombre........

4. Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos
la luna y las estrellas que haz creado......(sal 8)

Y el Nombre que recibe Dios como creador de todas las cosas es "Señor" y su señorío se extiende no sólo a las obras de sus manos sino también a todo el que lo invoca en la tribulación.

 

1.1. El Nombre de Dios como "el Señor".

Desde los comienzos mismos de la revelación bíblica, el Nombre de Dios, Yahvé (El que es) fue entendido como significando su "señorío", y por eso se lo llamó "Señor" (Adonai, Kyrios). Ese señorío se manifiesta ante todo en sus obras, tanto en la creación (sal 8 y 18) como en la historia de la salvación, por la que interviene en la vida de su pueblo y de cada uno de sus fieles.

Así, el salmo 17 nos hace vivir la riqueza de una teofanía, con todos los elementos de una conmoción cósmica por, en la que Dios se abaja para librar al hombre que invoca al Señor como su único baluarte:

2. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza,
3. Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador;
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
4. Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.(sal.17)

Ese Dios que escucha la voz del que invoca su Nombre interviene inmediatamente en su auxilio, como lo hizo con los grandes profetas, en medio del estremecimiento general de la naturaleza que reconoce la presencia de su creador:

7. en el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz
y mi grito llegó a sus oídos.
8. Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de los montes,
sacudidos por su cólera;
10. Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus pies;
11. volaba a caballo de un querubín
cerniéndose sobre las alas del viento (sal.17)

Ahora bien, como lo muestra este salmo, el señorío de Dios se manifiesta simbólicamente en el hecho "habitar en el cielo", y desde allí se abaja, para socorrer al pobre y necesitado, al hombre que "habita en la tierra". Esa es la característica de la revelación del Nombre de Dios en el 1º libro del salterio:

1. Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso?
2. Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran,
contra el Señor y contra su Mesías:
................................
4. El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.(sal.2)

El Señor "habita en el cielo" signo de su dominio, y su señorío le permite contemplar con "burla" y humor los planes de sus adversarios, y confirmar su propio plan, que es salvar al justo, representado en el Mesías:

11.pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
12.Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
13.El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
14.desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra...(sal 32).

El texto que sintetiza la expresión de este señorío, y que Iglesia ha conservado como una jaculatoria que repite sin cesar, es el del sal.123,8, :

Nuestro auxilio es el Nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

1.2. El Nombre del Señor y su "Gloria".

Así como el Señorío de Dios significa dominio y autoridad sobre todas sus obras, también significa manifestación de su Gloria, en la belleza de sus obras y los portentos de sus intervenciones teofánicas:

1. Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la Gloria y el poder del Señor,
2. aclamad la Gloria del Nombre del Señor,
postráos ante el Señor en el atrio sagrado.
3. La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la Gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas caudalosas.
..................................
9. La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!(sal 23)

El Señorío del Dios sobre el elemento más hostil, las aguas de los mares primordiales y la belleza salvaje de una tormenta de vientos y rayos que se abate sobre bosques, es una manifestación de su Gloria, a la que se une el reconocimiento de la asamblea cultual, que aclama en el Templo: ¡Gloria!.

También la pacífica manifestación de la Gloria del Señor entrando en el Templo nos da una muestra de ello:

9. ¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la Gloria
10. -¿Quién es ese Rey de la Gloria?
-El Señor, Dios de los Ejércitos:
él es el Rey de la Gloria(sal 23)

1.3. La Gloria de Dios y la humillación del hombre.

Sin embargo este libro del salterio nos presenta la paradoja del hombre que descubre la Gloria del Nombre del Señor a partir de su propia humillación y abajamiento. La embestida de los enemigos, los ataques de las pruebas y tribulaciones hacen clamar al hombre del salmo 21: 2. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

a pesar de mis gritos. mi oración no te alcanza.
....................
5. En ti confiaban nuestros padres,
confiaban, y los ponías a salvo;

....................
7. Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente, desprecio del pueblo,
8.al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza;
9."Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere".

Para que el hombre invoque el Nombre y experimente el auxilio del Señor, Dios de la Gloria, éste lo abandona en su más profunda soledad y bajeza de una condición casi infrahumana (soy un gusano). Y en medio de esa profunda experiencia de anonadamiento el hombre descubre la presencia de Dios en el cielo: presencia en la oración, en la invocación de su Nombre, Nombre que adquiere toda la fuerza de un signo sacramental de su presencia.

La oración que brota en este 1º Libro del Salterio está sostenida por la profunda convicción del socorro y auxilio divino, llegando a contener las expresiones de confianza más fuertes que contiene el libro de los salmos, y que fueron usadas para referirlas a Cristo y su confianza en que Dios no lo abandonaría en la muerte y lo haría conocer la resurrección (cf Hech 13,25):

8. Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
9. Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena:
10. porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción (sal 15)

El mismo salmo 21 concluía diciendo:

23. Contaré tu Nombre a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
25. Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre desgraciado;

El itinerario que contiene este 1º Libro del Salterio es, por otra parte, el del Mesías (sal 2), es decir, el de Jesucristo, tal como lo deja bosquejado el himno contenido en la carta a los Filipenses 2,6-11:

Cristo siendo de condición divina, no se aferró a su categoría de Dios, al contrario se despojó de rango... y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.

Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR (Kyrios) para Gloria de Dios Padre.

Y ese itinerario del Mesías es el de todo hombre que reconoce a Dios como el "Señor de la Gloria".

 

2. El Libro 2º del Salterio (s. 41-71): "Dios con nosotros".

2.1. El Señor presente en medio de los suyos: El Templo.

El Libro 1º explotaba la riqueza de la revelación del Nombre de Yahvé revelado a Moisés en la zarza ardiendo (Ex 3,14) como "El que es", mostrando como fruto de ello un señorío que se extiende a "toda la tierra", a los cielo intermedios que habitan los ángeles (cf sal 33 y 34), y a los mismos cielos de los cielos que "proclaman su Gloria".

El 2º Libro nos presenta el otro aspecto del Nombre de Yahvé, inseparable del anterior: "El que está" con los suyos. El Señor había dicho a Moisés, temeroso de la misión que le era encomendada: "Yo estaré contigo" (Ex 3,12). Gramaticalmente no existe diferencia en el hebreo, como en tantas lenguas, entre "ser" y "estar". Y así, la clave de este 2º Libro del Salterio queda bien expresada en la antífona del salmo 45, que repite tres veces (vs.4.8.12):

El Señor de los Ejércitos "está con nosotros",

Nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Es decir que, respecto del Dios que se revela como habitando en el cielo, atento a las plegarias de sus fieles, ahora, en este 2º Libro, Yahvé se abaja para habitar en medio de los suyos y acompañarlos a lo largo de su camino, peregrinando junto con ellos.

Y nuevamente encontramos una realidad profética latente en esta revelación del "Dios con nosotros": la presencia de Yahvé se da en el Templo. Ese Templo que fue revelado en el Sinaí a Moisés (Ex 25-26) para construir el arca, pero que luego fue construido por Salomón.

Es a ese Dios presente en el Templo a quien el salmista del Libro 2º desea ver y contemplar "cara a cara":

2. Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
3. tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
...................
5. Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo
hacia la Casa de Dios...

Del mismo modo, en el salmo 62:

2. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agotada, sin agua.
3. ¡Cómo te contemplaba en el Santuario
viendo tu fuerza y tu Gloria!

Pero no sólo ha cambiado el lugar de la presencia del Señor (del cielo al Templo) sino que ello ha llevado a un cambio radical en la oración que le dirige el salmista. Ya no le habla como a un Dios a quien recurre no sólo por la necesidad de las situaciones exteriores que vive, sino por un deseo profundo de su alma que necesita saciar. Es esta perspectiva la que ha llevado a que san Agustín consagre lo mejor de sus Comentarios a los Salmos de este Libro 2º: el deseo de Dios, de contemplar su rostro.

Al bajar Yahvé para habitar con los suyos, todo lo que toca su presencia se reviste de su Gloria y belleza: el Templo y la Ciudad Santa:

2. Grande es el Señor, y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
3. Su Monte Santo, una altura hermosa,
alegría de toda la tierra:
el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey.

Pero esta Gloria-Belleza divina reviste el doble carácter de ser belleza estética y bien moral al mismo tiempo. Es lo que recibe el nombre de "gracia" (járis), que no es sólo algo interior, sino que transforma también el exterior en belleza y hermosura:

3. ¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
4. Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
5. Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
6. Me saciaré como de enjundia y de manteca
y mis labios te alabarán jubilosos (sal 62).

Y es lo que se afirma del Rey-Mesías en el sal. 44:

3. Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Lo que se transforma en las cualidades del rey magnífico que espera toda la tierra:

1. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes:
2. para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.(sal 71)

2.2. Dios-con-nosotros: el Dios de la Alianza.

Esta necesidad tan íntima de la presencia de Dios, que expresa el salmista, es fruto de la Alianza que Dios selló con su pueblo y que deja el alma marcada por un amor sólo comparable al amor que siente el esposo por la esposa (cf sal 44, como en el Cantar de los Cantares), a la sed de la cierva (sal 41-42), y al fiel lejos del Templo (sal 62)

Pero junto con estos salmos que expresan una intimidad tan profunda y un anhelo de Dios que brota de lo más hondo de sus entrañas, el Libro 2º nos presenta la no menos rica experiencia del reconocimiento del pecado. De parte de Dios se da la manifestación de su presencia y su gracia, de parte del hombre la humilde confesión de su pecados. Su máxima expresión la encontramos en el salmo 50 ("Miserere"), donde el pecado es visto como ruptura de la Alianza (cf. sal 49) del "Dios con nosotros", obrando en sentido inverso: "contra Dios":

3. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión horra mi culpa.

4. Lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

5. Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado.

6. Contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

Pero el tono general de esta confesión es de paz y confianza, porque es el fruto del descubrimiento de toda la riqueza encerrada en el Nombre de Dios, tal como le fue revelado a Moisés después que Aaron hizo pecar al pueblo adorando al becerro a los pies del mismo monte Sinaí (Ex.34,6):

El Señor es el Señor, Dios rico en misericordia y clemente, tardo para la cólera y rico en bondad y fidelidad.

Y de ese reconocimiento del amor entrañable de Dios brota el pedido de una renovación que nuevamente llega al ser más íntimo del hombre, tal como es conocido por Dios:

12.Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

13.no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu;

14.devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.(sal 50)

Estas palabras hacen resonar los términos de la Nueva Alianza que los profetas anunciaron para los tiempos mesiánicos: el Espíritu mismo de Dios se derramará en el corazón del hombre para que haya un solo sentir y un solo querer (Ez 36,26-27)

2.3. La Gloria que habita en nuestra tierra.

En el 2º Libro del Salterio encontramos contenida la "mística" del Antiguo Testamento, pero que se extiende a todas las Sagradas Escrituras. Esa mística está caracterizada, según L.Bouyer, por el doble movimiento salvífico de Dios:

a) El primero es el de "descenso", por el cual se abaja para habitar "con los suyos" y guiarlos en su peregrinación por esta tierra;

b) El segundo, que completa el anterior, es la ascensión, por la cual lleva "consigo" a todos aquellos con los que marchó a lo largo de sus vidas, como fueron Elías, arrebatado en el Carro de fuego, Henoc, y los otros elegidos.

Ambos movimientos se encuentran presentes de un modo particular en el gran salmo 67:

8. Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo

y avanzabas por el desierto,

9. la tierra tembló, el cielo destiló,

ante Dios el Dios del Sinaí,

ante Dios, el Dios de Israel.

...........................

18. Los carros de Dios son miles y miles:

Dios marcha del Sinaí al Santuario.

19. Subiste a la cumbre llevando cautivos,

Estos dos movimientos no son excluyentes, sino que señalan un dinamismo constante del obrar divino contenido en su Nombre que significa "Dios-con-nosotros" y que es la promesa que hace Cristo a todos sus discípulos el mismo día de su Ascensión a los cielos:

"Y he aquí que Yo "estoy con vosotros" todos los días hasta el fin del mundo". (Mt.28,20)

 

3. El Libro 3º del Salterio (sal. 72-88): El Dios Celoso.

3.1. El Dios Celoso y la purificación del amor.

La Revelación del Nombre del Señor que hace el Libro 3º de los Salmos tal vez sea una de las más difíciles de comprender para la sensibilidad del hombre de hoy, incapaz de reconocer el carácter de signos y símbolos que se esconden detrás de las cosas inmediatas. Sin embargo constituye el centro del anuncio de los Profetas y de los autores del Nuevo Testamento.

Los salmos de este 3º Libro se caracterizan por ser colectivos. Ya no es uno solo el que los reza, sino todo el pueblo elegido, pero esa oración brota de una situación de profunda humillación por la derrota militar ante los enemigos, y tal vez por el mismo destierro (en Babilonia), con la consiguiente destrucción del Templo y la Ciudad Santa Jerusalén (cf. sal 73.76.78.79.82).

Sin embargo, en medio de esa prueba tan grande el salmista descubre una nueva faz del Nombre del Señor, revelado en el mismo Sinaí, después que Yahvé perdona el pecado de idolatría cometido por el pueblo y consentido por Aarón:

No te postrarás ante ningún otro Dios, pues Yahvé se llama "Celoso", es un Dios Celoso" (Ex.34,14)

El salmo 77, que ocupa el centro mismo del Salterio, dice:

57. Desertaron y traicionaron como sus padres,

fallaron como un arco engañoso;

58. con sus altozanos lo irritaban,

con sus ídolos provocaban sus Celos. (sal.77,57)

Y los Celos de Dios son el signo de su Amor, pero de un amor ardiente, que arde sin consumir o destruir. Es la purificación por el fuego del amor. Y esa purificación pasa a ser condición sine qua non del conocimiento del Nombre del Señor.

Es por esto que los salmos de este 3º Libro abundan en expresiones como: ira, cólera, incendio, furor, fuego. Pero todas son imágenes del amor de Dios, que se manifiesta con toda la riqueza y radicalidad de sus exigencias. Y la prueba de ello es la aparición en este Libro de la imagen de la "viña", que es la que los profetas utilizaban para designar a Israel como el objeto del amor más grande de Dios:

15.Dios de los Ejércitos, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña,

16. la cepa que tu diestra plantó

y que tú hiciste vigorosa.

17. La han talado y le han prendido fuego:

con un bramido hazlos perecer (sal 79).

 

Así Dios, que manifiesta su amor purificando el amor de sus elegidos, hace pasar por el fuego de la humillación y de la prueba a los representantes más importantes de la fe de Israel. Y, en primer lugar, al Templo:

4. Rugían los agresores en medio de tu asamblea,

levantaron sus propios estandartes.

5. En la entrada superior

abatieron a hachazos el entramado,

6. después, con martillos y mazas

destrozaron todas las esculturas;

7. prendieron fuego a tu santuario,

derribaron y profanaron la morada de tu nombre.(sal 73)

 

Pero también el pueblo entero pasa por la prueba:

5. ¿Hasta cuándo, Señor? *

¿Vas a estar siempre enojado?

¿Va a arder como fuego tu cólera?

6. Derrama tu furor

sobre los pueblos que no te reconocen,

sobre los reyes que no invocan tu nombre:

7. porque han devorado a Jacob,

han asolado sus casas. (sal 78).

 

Más todavía, este 3º Libro conserva el clamor más desgarrador de un fiel en medio de una profunda tribulación:

2. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,

de noche grito en tu presencia;

3. llegue hasta ti mi súplica,

inclina tu oído a mi clamor.

4. Porque mi alma está colmada de desdichas,

y mi vida está al borde del abismo.....

17. pasó sobre mí tu incendio,

tus espantos me han consumido.(sal 87)

 

Y lo que también podría sonar más inaudito: el Mesías mismo es sometido al crisol de la prueba:

39.Pero tú, encolerizado con tu Ungido,

lo has rechazado y desechado;

40.has roto la alianza con tu siervo

y has profanado hasta el suelo su corona...

47. Hasta cuando, Señor, estarás escondido,

y arderá como fuego tu cólera. (sal 88)

 

3.2. El Dios Celoso y la pureza del corazón.

Finalmente, si seguimos el criterio dado por Gregorio de Nisa, quien considera que el primer salmo de cada libro encierra la sustancia del mismo, el salmo 72 nos da una síntesis de todo lo dicho: en este libro la fe del salmista es puesta a prueba (por el fuego del amor del Dios) para poder entrar "en el misterio" de Dios, contenido en su Nombre de "Dios Celoso":

1.«Qué bueno es Dios para el justo,

el Señor para los limpios de corazón».

2. Pero yo por poco doy un mal paso,

casi resbalaron mis pisadas:

3. porque envidiaba a los perversos,

viendo prosperar a los malvados.

.............................

.

13. Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón

y he lavado en la inocencia mis manos?...

16.Meditaba yo para entenderlo,

pero me resultaba muy difícil:

17.hasta que entré en el misterio de Dios,

y comprendí el destino de ellos.(sal 72)

 

Aquí vemos al salmista sentir el dolor de la purificación de su corazón. El corazón del hombre, junto con el Dios Celoso, es el gran protagonista de este 3º Libro. Dios acusa a sus fieles de tener un corazón obstinado (sal 80) e inconstante (sal 77,8), y le señala a David, el único que poseyó un corazón íntegro (sal 77,72) sin desviarse por el camino de dioses extraños.

Tal vez sea este libro, paradojalmente, el que encuentra un eco más grande en el Nuevo Testamento y en las mismas palabras de Cristo, quien dice que ha venido a traer "fuego" sobre la tierra, para purificar el amor del hombre. Y es también lo que el Señor Jesucristo va a presentar de manera velada cuando en una de las expresiones del Sermón de la Montaña dice: Dichosos los puros de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5,5).

 

4. El 4º Libro del Salterio (sal. 89-105): El Señor "Rey Santo".

4.1. El Reinado de Dios.

Después de ser sumergida toda la creación en esta muerte-purificadora del Libro 3º, a partir del sal. 92 resuena la voz del salmista:

1. El Señor reina, vestido de majestad,

el Señor, vestido y ceñido de poder:

así está firme el orbe y no vacila.

Aunque el final, bastante trágico, del Libro 3º parecía dejar todas las cosas "en el reino de la muerte" (sal 87,12) el libro 4º presenta la realidad de una nueva situación: sobre las ruinas de un mundo sujeto a la tribulación (Libro 1º), al pecado (Libro 2º) y a la muerte (Libro 3º) amanece la nueva luz del reinado de Dios, proclamado en los salmos 92-99.

El salmista del Libro 4º parece olvidar todo, incluso su misma persona, para contemplar extasiado ese Nombre de Dios, que es Rey y Santo:

1. El Señor reina, tiemblen las naciones,

sentado sobre querubines, vacile la tierra.

2. El Señor es grande en Sión,

encumbrado sobre todos los pueblos.

3. Reconozcan tu Nombre, grande y terrible:

«Él es santo».(sal 98)

La santidad de Dios es su trascendencia sobre todas las cosas que emerge pura e incontaminda de la fragilidad y caducidad de las criaturas.

Y desde su santidad y reinado universal el espíritu de Dios "renueva todas las cosas" (sal 103). Este salmo hace la presentación de una nueva creación que brota renovada y sin mancha de las manos de Dios:

10.De los manantiales sacas los ríos,

para que fluyan entre los montes;

11.en ellos beben las fieras de los campos,

el asno salvaje apaga su sed;

12.junto a ellos habitan las aves del cielo,

y entre las frondas se oye su canto.

13.Desde tu morada riegas los montes,

y la tierra se sacia de tu acción fecunda;

14.haces brotar hierba para los ganados,

y forraje para los que sirven al hombre...

En este salmo 103 se habla de cada elemento de la Creación, como en el Génesis, pero ahora todo está en la plenitud de sus ser, y más todavía, en estrecha relación con Dios. G. Von Rad, dice que el rasgo característico de la estética de la Biblia es que descubre la Belleza de las cosas en su relación con Dios. Sin referencia a El todo es sombrío. Y de allí nace la alabanza del hombre que además es una actividad gozosa:

Es bueno dar gracias al Señor

Y tañer para tu Nombre, oh Altísimo...(sal 91,2)

 

4.2. Dios:"El que es" por siempre y para siempre.

Y ese reinado tiene una característica central que brota del mismo Nombre de Dios y se derrama sobre todas sus obras: permanece para siempre. San Agustín lo sintetiza con las palabras del salmo 101:

24.Él agotó mis fuerzas en el camino.

acortó mis días;

25.y yo dije: Dios mío, no me arrebates

en la mitad de mis días.

26.Tus años duran por todas las generaciones:

al principio cimentaste la tierra,

el cielo es obra de tus manos;

27.ellos perecerán, tú permaneces,

se gastarán como la ropa,

serán como un vestido que se muda.

28.Tú, en cambio, eres siempre el mismo,

y tus años no se acabarán.

29.Los hijos de tus siervos vivirán seguros

su linaje durará en tu presencia.

 

Para san Agustín este Libro del Salterio señala lo que es la esencia misma del Nombre de Yahvé ("El que es"): la permanencia y estabilidad de su ser, frente a la caducidad de todas las cosas. Y si bien las expresiones de este Libro lo llevan a consideraciones y reflexiones más filosóficas acerca del "ser" mismo de Dios (con su innegable matiz platónico), sin embargo san Agustín nunca pierde de vista su significado bíblico: "la fidelidad y la misericordia de Dios duran por siempre". Y eso es así porque su ser mismo no cambia ("Tú, en cambio, eres siempre el mismo"), es inmutable tanto en su ser como en sus disposiciones:

17. Pero la misericordia del Señor dura siempre,

su justicia pasa de hijos a nietos.(sal 102)

 

Desde el primer salmo de este Libro (89) hasta el último, todo proclama la firmeza y estabilidad del Reinado de Dios y de sus obras, tanto en la creación como en la historia de la salvación, tanto en la vida del fiel (sal 89) como de todo el pueblo (sal 104):

7. El Señor es nuestro Dios,

él gobierna toda la tierra.

8. Se acuerda de su alianza eternamente,

de la palabra dada, por mil generaciones;

9. de la alianza sellada con Abrahán...

 

4.3. La caducidad de todas las cosas.

En el Libro 1º la experiencia de la tribulación y las penas llevaban al reconocimiento de toda la riqueza que encierra el Nombre de Dios como "Señor", cuyo auxilio e intervención son vividas como seguras y ciertas; en el Libro 2º el pecado "contra el Señor" hacían conocer la misericordia entrañable del Dios de la Alianza que "está con nosotros"; en el Libro 3º la prueba y purificación hacían descubrir el misterio del amor del Dios Celoso; del mismo modo en este 4º Libro es la caducidad del hombre y de todas las cosas la que lleva a reconocer y afirmar la permanencia y estabilidad del Nombre de Aquel que es desde siempre y por siempre.

El primer salmo de este grupo, cuyo autor sería el anciano Moisés, dice:

1. Señor, tú has sido nuestro refugio

de generación en generación.

2. Antes que naciesen los montes,

o fuera engendrado el orbe de la tierra,

desde siempre y por siempre tú eres Dios.

3. Tú reduces el hombre a polvo,

diciendo: «Retornad, hijos de Adán».

4. Mil años en tu presencia

son un ayer, que pasó,

una vela nocturna.

Sin embargo no se trata de una experiencia angustiante pues el hombre participa, con su alabanza, de ese vida eterna de Dios:

 

1. Bendice alma mía al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

2. Bendice alma mía al Señor

y no olvides sus beneficios.

3. El perdona todas tus culpas,

y cura todas tus enfermedades;

4. El rescata tu vida de la fosa,

y te colma de gracia y de ternura;

5. El sacia de bienes tus anhelos,

y como un águila se renueva tu juventud.(sal 102)

Y el salmo 103 repite en otros términos la misma realidad:

33.Cantaré al Señor mientras viva,

tocaré para mi Dios mientras exista:

34.que le sea agradable mi poema,

y yo me alegraré con el Señor.

 

5. El 5º Libro del Salterio (sal 106-150): El Señor "Salvador".

5.1. La unidad de la historia de la salvación: Dios Salvador.

La característica de los salmos de este libro es la de ponernos ante una visión del conjunto de la obra de la Redención, como una historia de salvación: nacimiento, combate, agonía, muerte y resurrección; y por todo ello el salmista alaba al Señor como "Salvador" de su pueblo:

1. Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

2. Que lo confiesen los redimidos por el Señor,

los que él rescató de la mano del enemigo,

3. los que reunió de todos los países:

norte, sur, oriente y occidente.

o también como su salvador personal:

1. Te doy gracias, Señor de todo corazón,

delante de los ángeles tañeré para ti.

...............................

8. El Señor completará sus favores conmigo:

Señor, tu misericordia es eterna,

no abandones la obra de tus manos.(sal 137)

La historia de la salvación es una obra completa, tanto para el fiel individual como para el pueblo elegido, y la misericordia eterna del Señor da la garantía de su acabamiento feliz, que es la alabanza de la asamblea eclesial:

1. Alabad al Señor todas las naciones,

aclamadlo, todos los pueblos:

2. firme es su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre

¡Aleluya! (sal 116)

La alabanza del salmista pasa a ser, en este 5º Libro, el canto repetido del Aleluya, que resuena en todo momento, más todavía cuanto más se acerca al final del Salterio (sal 145-150).

Ahora bien, esta historia de la salvación que, llegado el final del Salterio, el salmista contempla en su totalidad, es la que hace nacer el conocimiento de otro aspecto del Nombre del Señor: el Salvador. El gran salmo 17 aclama el acontecimiento salvífico de la Pascua diciendo:

21.-Te doy gracias, porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

22.La piedra que desecharon los arquitectos.

es ahora la piedra angular.

23.Es el Señor quien lo ha hecho

ha sido un milagro patente.

24.Este es el día en que actuó el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo.

25.Señor, danos la salvación,

Señor, danos prosperidad.

26.-Bendito el que viene en nombre del Señor,

los bendecimos desde la casa del Señor;

27. el Señor es Dios: él nos ilumina.

 

Y la respuesta de Dios a ese pedido de salvación es el envío del Mesías, cuyo Nombre es Jesús, que significa "Salvador" (Yeshuáh). El es el que viene en Nombre del Señor, revelando su salvación.

Ya la conclusión del salmo 90 anticipaba esa presencia del Salvador al decir en forma de oráculo:

14.«Se puso junto a mí: lo libraré;

lo protegeré porque conoce mi nombre,

me invocará, y lo escucharé.

15.Con él estaré en la tribulación,

lo defenderé, lo glorificaré;

16.lo saciaré de largos días,

y le haré ver mi Salvador.»

Y el salmo 149, considerado el último salmo del Salterio (pues el 150 sería una alabanza conclusiva), sintetiza esta obra del Dios Salvador al decir:

1. ¡Aleluya!

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza

en la asamblea de los fieles;

......................................

3. Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

4. porque el Señor ama a su pueblo.

y adorna con la salvación a los humildes.

 

5.2. El Dios Salvador de los humildes: los pobres de Yahvé.

Como vimos en cada libro del Salterio, también en este 5º el conocimiento del Nombre del Señor, que se llama Salvador, es fruto de una nueva experiencia del hombre: la humildad. Tal como terminaba la cita del salmo 149, el Señor "adorna con la victoria a los humildes". Los estudiosos identifican este final del salterio con la doctrina del Profeta Isaías que veía llegar la salvación de Dios sobre los pobres y humildes, el "resto" del pueblo fiel, a quienes da el nombre de "anawim". Su expresión más bella la da el pequeño salmo 130:

1. Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad;

2. sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre.

3. Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre.

 

Y esa es la imagen de David que trasmite este libro:

1. Señor, tenle en cuenta a David

toda su mansedumbre (mansuetudo)(sal 131)

 

Y por eso el Señor lo libró en todos sus combates, porque David es su "siervo humilde", el "siervo de Yahvé:

9. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,

tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:

10.para ti que das la victoria a los reyes

y salvas a David, tu siervo.(sal 143)

 

El cántico nuevo es la expresión propia de aquellos que han conocido la salvación que viene de Yahvé (Apc 5,9).

Pero hay otro elemento en este 5º Libro del Salterio que pone de manifiesto toda la riqueza del concepto de salvación: Jerusalén. La etimología del nombre (Visión de Paz) encierra el don más preciado de la salvación que viene de Dios: la paz. Ella significa la plenitud de todas las bendiciones, tanto espirituales como materiales. Es la misma plenitud de la salvación, que no tiene límites:

1. Qué alegría cuando me dijeron:

"Vamos a la casa del Señor".

..................................................

6. Desead La paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

7. haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios».

................................................

8. Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: «La paz contigo».

9. Por la casa del Señor nuestro Dios,

te deseo todo bien..(sal 121)

 

Si bien la extensión de este 5º Libro hace que tenga una gran variedad de salmos con temas diversos, sin embargo la línea que lo recorre como una filigrana es esa que los evangelistas prolongarán en sus escritos, particularmente san Lucas en los primeros capítulos de su evangelio (c.1-2). Allí aparecerán personajes que manifiestan toda la riqueza espiritual que vimos en este 5º Libro. Incluso encontramos la presencia de un cántico, el Magnificat, que podría considerarse el cántico nuevo, el canto de los pobres de Yahvé, el salmo que la Iglesia unió, junto con el Benedictus, en su oración cotidiana, como prolongación natural del salterio. En él María reconoce a Dios como su salvador, y a su vez revela lo más íntimo de las disposiciones de su alma: Proclama mi alma la grandeza del Señor

Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,

Porque se ha fijado en la humildad de su esclava...

Su Nombre es Santo... (Lc 1,46-55).

 

CONCLUSION.

Hemos seguido a lo largo del Salterio la revelación del Nombre de Dios. "Conocer el Nombre de Dios es penetrar en Dios. Se trata de una intimidad creciente, de un descubrimiento que no cesa de renovarse y que se profundiza siempre en una misma línea; como el de Alguien cuya identidad conocemos desde el primer encuentro, pero que no termina jamás, y no terminará jamás de manifestar todas sus implicaciones, o más bien, de develar todo su misterio, pero solamente haciéndonos entrar cada vez más en él".

En el libro de los Salmos, al entregarnos Dios su Nombre, permite que lo invoquen para hacerse presente, en forma casi sacramental, por este Nombre. Sin embargo en lugar de quedar en manos del que lo invoca, con posibilidad de ser manipulado, Dios toma posesión del que lo invoca. Al nombrarlo es él quien llama y nombra al hombre y quien lo toma así como posesión suya, y por eso una vez sellada la alianza con su pueblo, dándole la Ley y su Nombre, pasa a llamarlo Mi pueblo. Dios toma posesión de aquel que, con los salmos, lo invoca en cualquier circunstancia de su vida.