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| COLOQUIO 4 - AÑO I, N° 4 | LITURGIA |
LA ORACIÓN DEL "ÁNGELUS"
Hno. Alfredo Monasterio
El Ángel del Señor anunció a María,
y Ella concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María ....
He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María ....
El Verbo se hizo carne,
y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María ....
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
OREMOS. Te suplicamos, Señor, que derrames
tu gracia en nuestras almas, para que quienes hemos
conocido por el anuncio del ángel la encarnación de
tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz seamos
llevados a la gloria de su resurrección.
Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
El Ángelus es una oración tradicional que
junto con el rosario podemos enumerar entre los ejercicios piadosos más
difundidos en occidente con que los cristianos veneran a la Virgen María, Madre
de Dios.
Al rezar esta oración tres veces: a la mañana, al mediodía y a la tarde;
conmemoramos el misterio del anuncio del ángel Gabriel a María y la encarnación
del Verbo. Su difusión muy progresiva y muy amplia la debemos atribuir
probablemente a la estructura sencilla que posee, lo que facilita su rezo y su
memorización; en efecto, en un primer tiempo su estructura estaba constituida
por tres avemarías; más tarde se compuso, como se hace hoy, de tres avemarías
alternando con tres antífonas, seguidas de un versículo y de una oración.
I. PARA UNA HISTORIA DEL ÁNGELUS
1. INSTANCIAS PATRÍSTICAS Y LITÚRGICAS
La costumbre de contemplar la página evangélica del anuncio del ángel Gabriel
a María de Nazaret (Lc. I, 26-38) influyó indudablemente en las comunidades
cristianas de los primeros siglos en la comprensión y celebración del misterio
de la encarnación. Dan fe de ello las aportaciones amplias y reflexivas de los
padres, tanto orientales como occidentales. Entre estas reflexiones tenemos que
destacar una homilía de Navidad del Papa san León Magno (440-461): "Cada
día y cada momento, queridos hermanos se ofrece a la mente de los fieles que
meditan en los sagrados misterios el recuerdo del nacimiento de nuestro Señor y
salvador del seno de la Virgen madre, de forma que el ánimo, levantándose a
alabar a su Autor, tanto en el gemido de la súplica como en la exultación de
la alabanza o en la ofrenda del sacrificio, no contempla interiormente nada con
mayor fe que el misterio por el que Dios, Hijo de Dios, nacido del Padre y
coeterno con el Padre, nació al mismo tiempo del parto de una mujer... Y no sólo
vuelve a la mente, sino también en cierto modo a la vista, aquel coloquio del
ángel Gabriel con María, llena de asombro, y la concepción por obra del Espíritu
Santo, prometida de forma admirable y admirablemente acogida en la fe"'. En
esta constante prolongación meditativa del acontecimiento y en la celebración
del misterio de la encarnación hemos de buscar las últimas motivaciones del Ángelus
y su primer origen.
En cuanta a su presencia en la liturgia, en oriente está atestiguado desde
finales del siglo IV el uso de repetir el saludo del ángel a María con tina
intención cultual. El testimonio más original es la obra maestra litúrgica
del himno Akáthistos, que desde finales del siglo V o comienzos del VI hasta
hoy hace resonar en la iglesia bizantinoeslava el Ave de Gabriel, repetido
continuamente, celebrando a María en el misterio del Verbo encarnado.z En
oriente, a partir del siglo VI parece difundirse grandemente la costumbre de
saludar a la Virgen con la palabras del ángel.
En occidente, por el siglo VI se introdujo el saludo del Ave en la liturgia para
e1 ofertorio del cuarto domingo de adviento. El texto, que será utilizado en
esta formulación durante toda la edad media, está recogido en el Liber
Antiphonarius Gregoriano: "Ave María, gratia plena, Dominus tecum,
benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tu¡", en este
texto podemos observar la armonización de las palabras del ángel Gabriel con
la de Isabel (Lc. 1,42).' Igualmente, los antifonarios más antiguos, tanto de
la liturgia romana como de la liturgia monástica, atestiguan el uso litúrgico
que se hizo del Ave María. Al hablar de uso litúrgico, no hay que entender
necesariamente un uso generalizado o popular. Las primeras noticias del mismo
nos han llegado del mundo monástico, por el siglo XI; posteriormente, por el
siglo XII el uso se difunde por la iglesias locales.
La popularización del saludo del ángel no tiene que considerarse como un hecho
aislado. El clima cultural y consiguientemente religioso en que se divulgó el
Ave y en el que, sucesivamente, podemos señalar el nacimiento
"puntual" del Ángelus, está impregnado en primer lugar de la
extraordinaria importancia que vuelven a adquirir los misterios de Cristo en la
piedad y en la mística tanto en el mundo monástico-religioso como en el
laical.' La devoción a la humanidad de Cristo, y especialmente a los misterios
de su vida terrena -nacimiento, pasión y muerte en cruz-, favorece en los
siglos XII y XIII una acentuada devoción a María
2. LOS MOMENTOS DE LA ORACIÓN DEL ÁNGELUS.
El Ángelus se reza a la mañana, al mediodía y a la tarde. La costumbre de
rezar en estos tres momentos de la jornada es muy antigua. En el judaísmo,
desde tiempos muy remotos se recitaba dos veces al día la famosa profesión de
fe conocida como Shemá Ysrael (escucha Israel), posiblemente a causa del texto
del Deuteronomio 6,7 y 11,19: "Repetirás estas palabras (de la Ley) a tus
hijos, las dirás lo mismo en casa que cuando vayas de camino, cuando te
acuestes y cuando te levantes". La Shemá es la recitación de Dt. 6,4-9.
No es una mera plegaria, sino un acto de fe y de reconocimiento al Dios salvador
que se ha manifestado en los acontecimientos de la historia. Es como el credo
israelita y por su gran importancia formaba parte lo mismo de la liturgia
oficial del Templo que de la sinagoga, y de la vida doméstica y privada. Si la
oración de levantarse y de acostarse, oración matutina y vespertina, era la
Shemá, la Thephillah será la plegaria del mediodía. Esta oración que consta
de dieciocho bendiciones y peticiones, pertenecía al culto de la sinagoga,
donde se recitaba primero en voz baja por todos y después era semitonada por el
salmista respondiendo la comunidad con el amén a cada invocación.
Jesús participa de la vida y de la oración de su pueblo; acudía al Templo y
conocía las oraciones de la liturgia judía. Pero también enseñó a orar a
sus discípulos ofreciéndoles una plegaria concreta y ejemplar: el
padrenuestro. El interés de las primeras generaciones cristianas por esta oración
aparece reflejado en la indicación de la Didaché que, después de recoger el
texto completo del padrenuestro, dice: "oraréis así tres veces al día"5.
Lo cual quiere decir que a finales del siglo 1, época de este escrito apostólico,
la recitación del padrenuestro ha sustituido al Shemá.b Si esto es así, la
sustitución de la vieja profesión de fe monoteísta en el Señor, el Shemá,
por el padrenuestro en los tres momentos de la plegaria al día, es todo un símbolo
de que a una nueva situación o relación del hombre con Dios, introducida por
Cristo, debe corresponder una nueva plegaria que la recoja.
Constatamos que hay una antigua tradición en el pueblo judío de orar en estos
tres momentos de la jornada con la recitación de la Shemá y que el pueblo
cristiano la hereda y la asume desde su mismo nacimiento, sustituyendo la Shemá
por el padrenuestro. Por lógica, concluiríamos que con el desarrollo posterior
de la devoción a la Virgen, surgió la costumbre de saludar a María con el
avemaría a la mañana, al mediodía y a la tarde. Pero no es tan simple porque,
fuere lo que fuere, no hay ningún documento ni indicio que avale semejante
afirmación. Lo que podemos afrinar con seguridad es que la historia de la
formación del Angelus resulta asombrosa por su complejidad. La estructura
simple y armónica que conocemos actualmente es el fruto de un proceso que ha
durado largos siglos. En realidad, cada uno de los elementos que la componen ha
tenido un origen particular y un desarrollo peculiar. Lo mismo podemos decir en
lo que se refiere a los tiempos relacionados con su rezo. El Ángelus nace y se
difunde como oración de la puesta del sol; luego se desarrolla el uso de
rezarlo al amanecer; finalmente se propagó también al mediodía. Trataremos de
hacer su historia.
El Ángelus de la tarde. El primer testimonio que tenemos de la difusión del Ángelus
de la tarde data del siglo XIII. En el capítulo general de los Franciscanos
celebrado en Pisa en 1263 y presidido por S. Buenaventura, se estableció que
los hermanos exhortasen al pueblo a saludar a la Virgen María al toque de la
campana de Completas, hora en que se creía que había tenido lugar el anuncio
del ángel.' Este decreto se renovó en el capítulo general de Asís de 1269.
Es muy probable que estas decisiones capitulares estuvieran a su vez influidas
por la obra de fray Benedicto Sinigarde de Arezzo (+ 1282), que en 1250 difundió
en su convento de Arezzo y por todo el condado la costumbre de cantar o recitar
después de Completas al sonido de la campana la antífona: "Ángelus
locutus est Mariae". Por otra parte, ya desde 1251 el capítulo general de
los Cartujos establecía que después del canto de la Salve Regina, al terminar
Completas, se rezara de rodillas el Ave María.
Es probable que la costumbre monástica de tocar las campanas al ponerse el sol
y el saludo a la Virgen en Completas, al extenderse de los monasterios a las
iglesias catedrales, canonicales y parroquiales, ligase de alguna forma el rezo
de la salutación angélica al toque de campanas vespertino. A comienzos de
siglo XIV el toque del Ángelus está documentado en numerosas regiones
europeas. Dos intervenciones de Juan XXII (+ 1334) confirmaron la práctica
incipiente: en 1318 el Papa alababa el uso vigente en la diócesis de Saintes y
de otras diócesis francesas de tocar las campanas por la tarde, concediendo
indulgencias a los fieles que al oírlas rezasen de rodillas tres veces el Ave
María; en 1327 introducía en Roma este piadoso ejercicio, favoreciendo de este
modo su ulterior difusión. El ejemplo del Papa que concedía indulgencias a
este rezo fue seguido por muchos obispos; no cabe duda de que esto sirvió para
incrementar y difundir tan piadosa práctica.
El Ángelus de la maíiana. En los monasterios se rezaban tres Ave Marías no sólo
después de Completas, sino también después de Prima, y a la hora de Prima,
como para Completas, se tocaba la campana de la mañana. No es dificil pensar
que de esta manera el Ángelus matutino tuviera un origen similar al de la
tarde. El documento más antiguo que poseemos es una disposición del Abad Tomás
1 (12851288) de Montecassino que ordena tocar las campanas "al Ave María
de la mañana y de la tarde". Esta disposición regía tanto para la Abadía
de Montecassino como a las iglesias sujetas a su jurisdicción.'.
Otro documento que atestigua la práctica de tocar las campanas para el Ave María
matutino, es de 1317 y se refiere a la obligación que había impuesto el Obispo
de Parma a , la ciudad de rezar, a los tres toques, tres Padrenuestros y tres
Ave María, mientras que el magistrado civil había establecido que el trabajo
comenzase después del toque. Progresivamente van apareciendo otros documentos
por toda el área europea, que llevan normalmente el rescripto con las relativas
indulgencias para quienes cumplieran ese devoto ejercicio.
Saludar por la mañana a santa María, como escribía en un breve Bonifacio IX
en 1390, es contemplarla como "Estrella de la mañana" y considerarla
"Madre de misericordia e intercesora del género humano ante Aquél a quien
Ella engendró". A mediados del siglo XV el Ángelus de la mañana estaba
generalizado en la iglesias de Europa.
El Ángelus del mediodía. El rezo del Ángelus al mediodía es posterior y su
generalización fue más lenta. Su origen lo tenemos que colocar probablemente
en una fusión, realizada a finales del siglo XV, entre la costumbre de tocar
las campanas el viernes a mediodía en memoria de la Pasión del Señor y una
prescripción del Papa Calixto III que, en 1456, en la bula "Cum his
superioribus annis", ordenaba tocar todos los días las campanas entre la
hora de Nona y Vísperas y rezar tres veces el Padrenuestro y el Ave María para
implorar la ayuda del cielo en defensa de la cristiandad amenazada por los
turcos.
En 1472, el rey de Francia Luis XI ordenó rezar tres veces el Ave María al
mediodía por la paz y la unidad del reino. En Italia, por su parte, el primer
testimonio del Angelus del mediodía se remonta al duque de Imola, Juan III, que
en 1506 ordenó saludar a la Virgen al toque de las campanas al mediodía. En
1518, León X ordenó que se tocase a mediodía para el Ave María,
contribuyendo de este modo a su difusión y consolidación.
3. LA FORMULA ACTUAL
Como hemos podido comprobar, en el siglo XVI aún en medio de una pluralidad de
intenciones, los fieles saludan a María tres veces al día, recordando la
encarnación. En este mismo siglo se introdujo también la costumbre de separar
las tres Ave María con tres versículos, tal como se hace ahora en el rezo del
Ángelus. Esta fórmula está documentada por primera vez en un catecismo
impreso en Venecia en 1560.
El Papa Pío V hizo insertar en 1571 esta misma fórmula en el Oficio de la
Virgen, aprobado por él, introduciéndola bajo el título "Ejercicio
cotidiano". La fórmula adquiría así en cierto modo un carácter oficial.
La oficialidad del Ángelus, si es lícito hablar así, recibe una confirmación
definitiva en el Ceremonial editado en 1600 por orden de Clemente VIII. A
,finales del siglo XVII lo que Bocquillot afirmaba para Francia era ya realidad
en todas las iglesias europeas: "no hay familia cristiana que no rece el Ángelus
cuando oye tocar las campanas. Creo que no hay necesidad de exhortar a los
cristianos para que lo recen, ya que esta práctica me parece bien establecida y
observada en todas partes".9 Casi para sellar esta realidad, en 1724
Benedicto XIII con el breve "Inunctae nobis" concedió indulgencia
plenaria a los fieles que, al tocar la campana y de rodillas, rezasen el Ángelus,
explicitando la fórmula que todavía hoy se usa y exhortando a pedir al Señor
por la paz y la concordia entre los príncipes cristianos, la liberación de las
herejías y la exaltación de la iglesia. En los ss. XIX Y XX los obispos de
Roma intervinieron regularmente para promover este piadoso ejercicio.
Para la historia de la piedad mariana, podemos probablemente hablar de una nueva
era de oración del Ángelus después de la segunda guerra mundial, atribuyéndola
en un primer tiempo a las iniciativas del Papa Pío XII, y luego a las del Papa
Juan XXIV, que continuaron más tarde sus sucesores.
Siguiendo con una práctica de Pío XI, Pío XII favoreció la práctica del Ángelus
al mediodía, rezándolo él mismo con sus visitantes peregrinos. Además, en la
carta apostólica del 29 de junio de 1956, "Dum moerenti animo",
recordando el documento de su predecesor Calixto III dei 29 de junio de 1456,
"Cum his superioribus annis", donde se establecía la norma de tocar
todos los días las campanas entre la hora de Nona y las Vísperas, para rezar
en aquel momento por la defensa de la cristiandad amenazada por los turcos, el
Papa renovaba la invitación a los fieles de rezar al toque de las campanas por
la libertad de la Iglesia. El mismo Pío XII, al inaugurar la Radio Vaticana el
11 de febrero de 1958, día del primer centenario de las apariciones de Lourdes,
con el rezo del Ángelus a mediodía, volvía a proponer esta oración a los
fieles.'°
Finalmente, el Papa Juan XXIII, cuando empezó a impartir la bendición apostólica
los días de fiesta, decidió colocar antes de la bendición la oración del Ángelus,
uso que adoptaron luego sus sucesores, hasta el punto de haberse convertido en
pocos años en una de las citas de oración tradicionales del obispo de Roma con
los fieles romanos y peregrinos.
No ha faltado, en estos últimos años después del Vaticano II, una intervención
de carácter magisterial: la exhortación apostólica "Marianis
cultus", de Pablo VI (1974). En la tercera parte de este documento el Papa
considera expresamente, junto con el piadoso ejercicio del Rosario, el rezo del
Ángelus, exhortando vivamente a "mantener la costumbre de este rezo, donde
y cuando sea posible" (n. 41) Subraya además que por sus características
esta oración no tiene necesidad de ninguna restauración, ya que conserva
"inalterado su valor e intacta su frescura". Entre sus características
se señalan sintéticamente: "Su estructura sencilla, su carácter bíblico,
su ritmo casi litúrgico que santifica momentos diversos de la jornada, su
apertura al misterio pascual, por lo que, mientras conmemoramos la encarnación
del Hijo de Dios, pedimos ser conducidos por 'su pasión y su cruz a la gloria
de la Resurrección" (n. 41); todos estos elementos hacen que con su
profundización se facilite la comprensión de sus valores, su significación
doctrinal y pastoral, su puesto adecuado en las prácticas de veneración a la
Virgen María.
II. CONTENIDOS TEOLOGICOS Y ESPIRITUALES
1. "Ángelus Domini Nuntiavit Mariae et concepit de Spíritu
Sancto"
El primer versículo o antífona que da nombre este piadoso ejercicio se refiere
directa y concisamente al anuncio del nacimiento de Jesús:
"En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de
Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre
perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era
María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de
gracia, el Señor está contigo ". Al oír estas palabras, ella quedó
desconcertada y se preguntaba qué podía significar esta saludo. Pero el Angel
le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás
a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, él será grande y será llamado
Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará
sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin ".
María dijo al Angela "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con
ningún hombre?". El Angel respondió: "El Espíritu Santo descenderá
sobre ti v el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño
será Santo y será llamado Hijo de Dios ". (Lc. I, 26-35)
En este relato aparecen dos temas o ideas que es necesario resaltar: la Hija de
Sión y el don del Espíritu Santo."
A) LA HIJA DE SION: La primera palabra que e( Angel le dirige a María es una
exortación a la alegría, utilizando la fórmula que usan los profetas para
invitar a la Sión escatológica a que se alegre por la salvación que Dios va a
otorgarle . Así leemos en el profeta Sofonías:
"¡Alégrate mucho, hija de Sión, proclama hUa de Jesusalén! ¡Regocoate
y llénate de júbilo con todo el corazón, h1a de Jerusalén! Que Yahweh ha
revocado los decretos dados contra ti y ha rechazado a tu enemigo.
El rey de Israel, Yahweh, está en medio de ti. No verás y más el
infortunio" (Sof 3, 14-15).
Y el profeta Zacarías:
"¡Alégrate mucho, hUa de Sión!. ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén!
Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está
montado sobre un asno, sobre la cría de un asna ". (Zac. 9, 9).
En los textos proféticos la Hija de Sión es una figura simbólica de Israel,
el pueblo elegido. Con esta figura femenina los profetas descubren el símbolo
de la Sión mesiánica. Esta imagen nos ubica en el plano de la Alianza, tema
central de la revelación. La idea fundamental que recorre la Biblia entera es
que Dios quiere establecer una Alianza con los hombres. De principio a fin,
desde los primeros profetas hasta el Apocalipsis, esta Alianza se describe sirviéndose
frecuentemente de la imagen del matrimonio. En cuanto unión entre el hombre y
la mujer, el matrimonio aparece como el símbolo fundamental de la Alianza: Dios
es el esposo e Israel la esposa (muchas veces infiel).
Bajo el simbolismo de la "Hija de Sión" se representan los tres
aspectos fundamentáles del misterio del pueblo de Israel, que vendrá a ser el
misterio de María. La Hija de Sión es, en primer lugar, la Esposa de Yahweh, y
por ello se convierte también en la "Madre" del pueblo de Dios; pero
es igualmente la "Virgen Israel", aspecto menos acentuado, pero que
tiene también su importancia en relación a la Alianza.
El saludo del Argel dirigido a María, Hija de Sión, es una invitación a aquel
gozo mesiánico que en otros tiempos dirigieron los profetas a Jerusalén, corazón
religioso de todo Israel. La virgen de Nazaret, en nombre de Israel, es invitada
a alegrarse; no tiene por qué temer, y el motivo es el siguiente: al tomar
carne en su seno, el Hijo de Dios viene a la Hija de Sión, pone su morada en
medio de ella como rey de la nueva casa de Jacob y como salvador. A los ojos de
la primera generación cristiana, la madre de Jesús se presentaba como la
encarnación ideal de la Hija de Sión. En ella, persona individual, maduraba
ejemplarmente la vocación de Sión-Jerusalén y de todo Israel, pueblo de la
Alianza. Hay que subrayar que la Virgen supera y perfecciona como esposa a
Israel, porque en primer lugar es la esposa fiel de Yahweh, frente a Israel que
es una esposa muchas veces infiel; en segundo lugar porque es la primera en
recibir la Buena Noticia de la encarnación del Verbo. La novedad de esta
presencia del Viviente en su seno con respecto a la economía antigua se
caracteriza en el hecho de que, además de recibir el anuncio gozoso, María es
llamada a cooperar en la acción que Dios mismo le anuncia, a diferencia del
mero anuncio de la actuación del Señor que los textos del Antiguo Testamento
le reservan a la Hija de Sión. A partir de este momento se ha establecido un
nuevo estilo de relaciones vitales entre Dios y los hombres, que continúan la
experiencia de la nueva Jerusalén.
B) EL DON DEL ESPÍRITU SANTO: A1 anuncio del Argel corresponde el silencio
meditativo de María, silencio que se abre al deseo de una comprensión más
amplia (Lc. 1,34): ella acoge la Palabra, pero desea comprenderla. El Argel
entonces le revela que concebirá por obra del Espíritu Santo (Lc. 1,35); la
virtud del Altísimo la "cubrirá con su sombra". Se hace alusión a
la nube (símbolo de la presencia de Dios) que cubría la Tienda de la Alianza:
"Entonces la nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor
llenó la Morada. Moisés no podía entrar en la Carpa del Encuentro, porque la
nube se habla instalado sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada
"(Ex. 40:34-35)
De este modo se señalaba que el Arca de la Alianza era el lugar mismo de la
presencia de Dios. San Lucas nos muestra la nube cubriendo a María con su
sombra en el momento de la Encarnación para significar que, en adelante, la
Morada de Dios no es el Templo de Jerusalén, sino la humanidad de Jesús. María
será como una nueva Arca de la Alianza, porque llevará en su seno al Hijo de
Dios.
Además el Espíritu que desciende sobre la Virgen es un Espíritu creador. Él,
que actuó en la creación del mundo y en el renacimiento del pueblo de Israel,
ahora crea en el seno de María el semblante humano de Jesucristo, Mesías
divino; y Cristo, en virtud del mismo espíritu, concebirá la segunda creación,
que consiste en la renovación escatológica del nuevo pueblo de Dios, del que
Él es el principio, el Rey y Señor.
2. "Ecce arcilla Domini, fíat mihi secundum verbum tuum"
La respuesta de María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según
tu palabra", se menciona con frecuencia, de acuerdo con la versión latina,
como el fiar de María. Además del fiar de la Anunciación, conocemos también
el "fiat voluntas tua" del Padrenuestro: "Que venga tu Reino, que
se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt. 6,10); y el frac de
Jesús en el huerto de Getsemaní: "Padre mío, si no puede pasar este cáliz
sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad" (Mt. 26.42).
La resonancia del frac de María en la Anunciación no es la misma que la del
"fíat voluntas tua" de Jesús en Getsemaní, ni tampoco la de la fórmula
correspondiente del Padrenuestro. El fíat de María no es una simple aceptación
y menos todavía un resignado acatamiento. Manifiesta por el contrario, un
gozoso deseo de colaborar con lo que Dios quiere de ella. Es la alegría del
abandono total al querer de Dios; por otra parte, la alegría de este final
corresponde a la invitación a la alegría del principio. Un texto clásico nos
ayudará a adentrarnos en la contemplación y comprensión de la actitud de María
frente a este inefable misterio. Se trata de la conclusión que hace S. Bernardo
en uno de sus sermones sobre el Missus est. Al finalizar su comentario de la
escena de la Anunciación, el santo abad dice:
"Ya has oído, Virgen, el hecho; ya has oído también el modo. Las dos
cosas son maravillosas, las dos son jubilosas. Alégrate, hija de Sión; grita
exultarte, h ja de Jerusalén (Zae. 9,9).
Ya que a tus oídos se les anunció el gozo y la alegría, escuchemos también
nosotros de tu boca la gozosa respuesta que anhelamos, para que se alegren los
huesos quebrantados (Is. 51,10)
(.....) El ángel está aguardando la respuesta. Señora, también nosotros
esperamos esa palabra tuya de conmiseración (......) Responde ya, oh Virgen;
que nos urge (......) Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al
consentimiento y las entrañas al Creador. Mira que está a la puerta llamando
el deseado de todos los pueblos (Ap. 3,20). ¡Ah, si por retrasarte pasa de
largo!. Después tendrás que volver angustiada a buscar de nuevo al amor de tu
alma (Cant. 5, 6). ¡Levántate, corre, abre! Levántate por la fe, corre con la
devoción, abre con el consentimiento ".
San Bernardo de Claraval, De laudibus Virginis Matris, IV 8 (PL. 183, 83-84)
3. "Et Verbum caro factum est, et habitavit in nobis".
La encarnación del Verbo: "El Verbo se hizo carne y habitó entre
nosotros". Este versículo es literalmente la primera parte del versículo
14 de Prólogo de San Juan:
"Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos
visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como HYo único lleno de gracia
y de verdad" (Jn. 1, 14)
Este versículo está haciendo alusión a la Tienda del Encuentro, tal como lo
relata el libro de Exodo:
"Cuando Moisés entraba, la columna de nube bajaba y se detenía a la
entrada de la Carpa del Encuentro, mientras el Señor conversaba con Moisés
.... El Señor conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su
amigo. Después Moisés regresaba al campamento, pero Josué -hijo de Nun, su
joven ayudante no se apartaba del interior de la Carpa. " (Ex. 33: 9.11)
Esta tienda o carpa es el santuario del desierto porque es el lugar del
encuentro con Dios, el lugar de los oráculos de Dios y es también su morada.
Dios manifiesta su presentía en esta morada haciendo pesar el peso de su
gloria, la cual se manifiesta visiblemente en la nube. La nube está siempre
ligada a la manifestación de Dios y significa su presencia y trascendencia.
Supone que Dios baja a la tierra, pero que su morada es el cielo.
Por medio de la figura de la Tienda, Carpa o Tabernáculo el Evangelista nos
presenta la humanidad entera del Señor como el Santuario del Verbo divino. El
Templo es su cuerpo. Por eso, tal como nos lo transmiten los Sinópticos, al
morir Cristo, se rasga el velo del antiguo Templo para indicar que, en lo
sucesivo, cambiará el destino de ese Templo, pues la Presencia se transfiere al
cuerpo glorificado de Jesús. A partir del momento de la Resurrección, la
humanidad de Jesús es el santuario donde Dios mora de manera infinitamente más
próxima que en el santuario del Antiguo Testamento. No son ya los serafines de
oro en torno al Arca de la Alianza, sino la liturgia celestial en torno al
cuerpo de Cristo, donde mora la divinidad. Y así como el antiguo tabernáculo
era el lugar donde se encontraba Dios y el hombre; así, en adelante, la
humanidad de Cristo será el lugar de ese encuentro entre Dios y el hombre, la
senda por la cual la plegaria, el culto y la alabanza del hombre se remontan al
Padre: "Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo conseguiréis".
Bajo esta perspectiva el corazón del prólogo se convierte en el corazón del
Ángelus. Es la plenitud del tiempo lo que recordarnos, cuando "Dios envió
a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para que recibiésemos la adopción
del hijos". (Gal. 4, 4-5).
4. Oración conclusiva: El Misterio Pascual
"Quien dice encarnación dice cruz. El hacerse hombre es para el Verbo, en
un sentido muy misterioso pero igualmente real, un anonadamiento, más aún,
como dicen otros, un anonadamiento más profundo todavía que el camino que lo
llevará a la cruz".'`'
La encarnación va ordenada a la cruz: la salvación se hace redención de la
humanidad en la cruz de Cristo. Las instancias de este misterio ya presentes en
los versículos del Ángelus se hacen memoria explícita en la oración
conclusiva: en ella la encarnación del Verbo abre a la realidad pascual: pasión-cruz-resurrección
de una manera ejemplarmente armónica. En el acontecimiento de la encarnación
comenzó la comunión del cielo con la tierra, en el acontecimiento de la
muerte-resurrección, somos reconciliados con Dios.
Lo mismo que en la encarnación Dios pidió su colaboración a María, en su
designio de amor quiso que esta colaboración se continuase también al pie de
la cruz (Jn. 19, 25-27). María, hija de Sión, en la hora de Cristo Jesús se
reveló como la mujer, la nueva Jerusalén, madre de todos los que creen en
Cristo, presentes todos ellos en el discípulo amado, al pie de la cruz.
III. CONCLUSIÓN
Al rezar tres veces al día esta sencilla oración centrada en la encarnación
del Verbo en el seno de María, nos sumergimos en la contemplación del misterio
de Cristo en su totalidad. Porque el enviado de Dios, el Verbo, comienza en la
carne una experiencia de salvación decisiva para todos los hombres. El Hijo de
Dios se hace hijo del hombre para llevamos a todos los hombres a la filiación
divina; desciende para ascender de nuevo y conducirnos al mundo divino de donde
bajó.
Su consideración asidua nos ayudará a preparamos para el misterio de su
Navidad el cual ya se acerca. El Señor vino en la plenitud de los tiempos en la
forma de un débil infante para traernos la salvación, pero también sabemos
que vendrá el fin de los tiempos como juez. Mientras tanto al presente viene
ocultamente, calladamente a nuestras almas por medio de su gracia, y que a
medida que esta se desarrolla y va llegando a sazón, se hace más abundante y
arrolladora, hasta el punto de transformar al alma en un "alter
Christus" (otro Cristo).
La contemplación de la encarnación del Verbo nos ayudará además de descubrir
la dignidad del hombre. "Al recordar que "el Verbo se hizo
carne", es decir, que el Hijo de Dios se hizo hombre, debemos tomar
conciencia de lo grande que se hace todo hombre a través de este misterio; es
decir, ¡a través de la Encarnación del hijo de Dios! Cristo, efectivamente,
fue concebido en el seno de María y se hizo hombre para revelar el amor eterno
del Creador y Padre así como para manifestar la dignidad de cada uno de
nosotros. Si rezamos con regularidad el Ángelus Domini, esa plegaria debe
influir sobre toda nuestra conducta. No podemos rezarla solamente con los
labios, no podemos repetir la plegaria del Ángelus Domini y al mismo tiempo
actuar en contraste con nuestra dignidad humana y cristiana."' 3
La Virgen María es el modelo que tenemos que imitar para acoger este don de
manera eficaz. Fijemos nuestra mirada por unos instantes en Ella. Ante el
anuncio del Angel descubrimos en Ella una actitud de fe profunda que se abre al
anuncio del Angel, y esta actitud de fe está unida a una profunda humildad que
se traduce en una aceptación generosa de la voluntad de Dios. María abraza la
voluntad divina con la más sincera decisión y el más intenso y puro amor. La
aceptación completa está acompañada de una entrega absoluta.
A nadie como a María se entregó Dios tan abundantemente, pero tampoco criatura
alguna comprendió como María la grandeza del don divino, ni fue como Ella tan
fiel depositaria y adoradora. Por eso María como Madre de Dios y Madre nuestra
es la mejor maestra, la mejor pedagoga que nos enseñará a abrirnos al misterio
de Cristo, su Hijo y hacerle un lugar cada vez más relevante en nuestras vidas.
Notas
(1) In Nativitate Domini. Sermo VI (XXVI)
(2) Cf. TONIOLO LINNO ACTISTO E., Monumento di teologicz e di culto mariano
nellu chiesa Biaanlinu, en De Cultu Mariano Saeculis VIXI IV, 1-39.
(3) Cf. HESBERT R.J., Antiphonale Misarum Sextuplex II, Uromant, Bruselas 1935.
(4) Cf en cuanto a la historia de la devoción a la humanidad de Cristo:
LECLERCQ J. - VANDERBROUCKE F. - BOUYER L., La spiritualité du moyen Age,
Aubier, París 1961. 161-447. GRILLMEIER A., Panorámica histórica de los
misterios de Jesús en general, en Mysterium Salutis III/2 Cristiandad, Madrid
1971, 21-39
(5) Didajé VIII; 3
(6) Cf Sobre la oración en el pueblo de Israel y en las primeras generaciones
cristianas: LOPEZ MARTÍN J., La Oración de las Horas, Secretariado Trinitario
- Salamanca, 21-51.
(7) Chronicorum 24 Generalium, en Analecta Franciscana III, 329.
(8) Cf. INGUANEZ M., Un documento Cassinense del secolo XIII. (1932)
(9) Recogido por BREMOND H., Histoire Lilleraire du sentiment religieux en
Franee, París 1932.
(10) L'Observatore Romano, 12-2-1958
(11) Para el trasfondo bíblico de la figura neo testamentaria de María: DE
POTTERIE DE LA, María en el Misterio de la Alianza. BAC 533, 965.
(12) BALTHASAR H. U.Von, El Misterio Pascual, en Misterium Salutis (nota 24) 153
s.
(13) Alocución del Papa Juan Pablo II en el Santuario de Jasta Góra, Polonia,
el 5 de junio de 1979.