| COLOQUIO 7 - AÑO II, N°3 | BIBLIA-SALMOS |
LOS SALMOS DE DAVID
1. Los Títulos de los Salmos.
En un número anterior de esta revista (1) hemos visto la clasificación de los salmos a partir de sus títulos. Estos títulos figuran a la cabeza de cada salmo, como su primer versículo. A pesar de la diversidad de esos títulos, vimos cómo dentro de los 150 salmos que componen el Salterio hay colecciones que se forman por tener cada uno de los salmos que la componen el mismo título. Así figuran las colecciones de salmos llamadas de "David", de "Asaf", de los "Hijos de Coré", y otras que veremos después. Cada una de ellas posee características propias que producen, en el que ora con los salmos, una resonancia distinta según a qué grupo pertenece cada salmo.
Es por eso que es importante conocer los matices de cada colección pues permite descubrir ciertas unidades dentro del salterio que, de no ser así, se presenta como un conjunto de 150 salmos totalmente diversos y que confunden al orante, pues no puede captar y experimentar los movimientos fundamentales del alma hacia Dios que contiene el salterio y que son su fin propio dentro del conjunto de las Sagradas Escrituras.
Pero, a pesar de la importancia que tienen los títulos, hoy día muchos estudiosos no los tienen en cuenta, llegando incluso a quitarlos de la Biblia. Y el motivo es que son títulos puestos en forma tardía, no sólo después de haber sido elaborado el salmo (s. X-IV a.C.), sino incluso después de haber sido formado el libro del Salterio, al volver del destierro en Babilonia. Por eso se supone que estos títulos fueron colocados a la cabeza de cada salmo entre los años 450-300 a.C.
Entre los títulos que llevan las distintas colecciones existe una gran diferencia. Y entre ellas se destacan las 3 colecciones de salmos que llevan por título "David" ya que después de decir que es de David, el autor del título ubica el salmo correspondiente dentro de alguna de las distintas circunstancias que vivió David, según lo narran los libros de Samuel.
Por eso vamos a detenernos en ellos. Así se podrá saber qué función cumple el título a la cabeza de un salmo, y por eso mismo cuál fue la intención del autor al hacerlo. Veamos entonces los salmos que llevan por título "Salmo de David".
2. Las tres colecciones de Salmos de David. (2)
Los grupos de salmos que llevan en su título el nombre "David" son: 3-40; 50-71 y 137-144. Como hay otros salmos aislados que llevan el mismo título podemos decir que de los 150 salmos del salterio 73 llevan por título "David".
Entre ellos hay tres salmos que hablan en su interior de David. Ellos son:
a. El salmo 88: en sus versículos 47-52 dicen así:
47.¿Hasta cuándo, Señor, estarás
escondido,
y arderá como fuego tu cólera?
48.Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida
y lo caducos que has creado a los humanos.
49.¿Quién vivirá sin ver la muerte,
quién sustraerá su vida a la garra del Abismo?
50.¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia
que por tu fidelidad juraste a David?
51.Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos:
lo que tengo que aguantar de las naciones,
52.de cómo afrentan, Señor, tus enemigos,
de cómo afrentan las huellas de tú Ungido.
Este largo salmo es un acto de esperanza en la ayuda de Dios, y es muy meritorio pues la situación que se está viviendo es de catástrofe del pueblo y del Ungido (David).
b. El salmo 17: lleva en su título el nombre "David", y también en el interior del mismo. Dice así:
50. Por eso te daré gracias entre las
naciones, Señor,
y cantaré en honor de tu nombre:
51 tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido,
de David y su linaje por siempre.
Y en su título dice: Al que preside, del siervo de Dios, David, que dijo a Yahvé las palabras de este canto
c. El salmo 143 es como un eco del salmo 17 y lleva por título "David" y en su interior dice:
9. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
10.para ti que das la victoria a los reyes
y salvas a David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel,
11.sálvame de las manos de extranjeros:
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
De estos tres salmos surge una figura de David "siervo de Yahvé" (sal.17), probado hasta la muerte (sal 88) pero salvado por el poder divino (sal 17 y 143), fundando una confianza invencible en la espera de un Descendiente prometido (sal. 17 y 88), cuya venida traerá la felicidad (sal.143).
A esta figura de David podemos ahora agregar aquella que surge de los salmos que llevan un título que aplica el salmo a un hecho histórico ocurrido en vida de David y narrado en los libros de Samuel. Ellos son:
a. Sal 58: Saúl hace vigilar la casa de David para matarlo (Cf. 1Sam 19,11).
b. Sal 55: Los filisteos capturan a David (Cf. 1Sam 21,11).
c. Sal 33: David se hace el loco ante ellos y lo echan (Cf. 1Sam 21,12).
d. Sal 51: Saúl es advertido de que David pasará por casa del sacerdote Ahimelek (Cf. 1Sam 21,8; 22,6).
e. Sal 53: Advierten a Saúl que David está en Zif (Cf. 1Sam 23,19).
f. Sal 62: David se esconde en el desierto de Judá (Cf. 1Sam 22-24).
g. Sal 56 y 141: David se esconde en una caverna (Cf. 1Sam 24,4).
h. Sal 59: David combate contra Arameos y Edomitas (Cf. 2Sam 8,3-13 y 10,15-19).
i. Sal 50: David es reprendido por el profeta Natán por su pecado con Betsabé (Cf. 2Sam 11-12).
j. Sal 3: David huye perseguido por su hijo Absalón (Cf. 2Sam 15).
k. Sal 7: David se lamenta por las injurias de un benjaminita (Cf. 2Sam 16,5-12).
l. Sal 17: Dios lo libra de sus enemigos.
m. Sal 71,20: David hace un cántico para su hijo Salomón (Cf. 1 R 1,30).
Esta lista de títulos y episodios de la vida de David dejan ver con claridad que faltan muchos episodios de su vida: sus sacrificios a Yahvé, sus victorias (especialmente la espectacular derrota de Goliat), la entrada gloriosa en Jerusalén, sus amores y amistades.
Y sumado a esa serie de omisiones, hay un hecho curioso escondido en el salmo 59. Según el título se trata del episodio en que David obtuvo una victoria difícil sobre Aram de Naharaim. Pero cuando se lee el salmo que sigue a ese título nos encontramos con una plegaria de un hombre que ha sufrido una derrota con su ejército:
3. Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras
filas,
estabas airado, pero restáuranos.
4. Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
5. Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo;
6. diste a tus fieles la señal de desbandada
haciéndolos huir de los arcos.
Todas estas observaciones sobre los salmos que llevan el título de David, y que constituyen la mitad del salterio, ponen de manifiesto que están presentado un David que no es exactamente el de los libros de Samuel, que narran sus grandes victorias contra los pueblos vecinos, especialmente filisteos (Goliat), de las cuales ninguna aparece en los salmos. Pero tampoco nos presentan al David del libro de las Crónicas, que es un Rey perfecto, profeta, inmaculado, que no ha cometido ningún pecado, ni siquiera el que le reprocha el profeta Natán.
¿Qué imagen es la que los salmos nos trasmiten de David?
El Salterio nos presenta a un David que tiene todos los rasgos y características del Siervo Sufriente que describe el profeta Isaías.
3. David, el Siervo Sufriente de Yahvé.
El nombre que recibe David en el salterio es el de "siervo". El título del salmo 17 dice así:
"De David, el Siervo del Señor, cuando dirigió estas palabras al Señor por haberlo librado de la mano de todos sus enemigos y de Saúl".
Y el salmo 143, que parece un eco del anterior, dice en su versículo 10:
9. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
10. para ti que das la victoria a los reyes
y salvas a David, tu siervo.
El salterio ha asimilado a David al siervo sufriente del segundo Isaías (Is cs.40-55). El David de los salmos no es un justo impecable, sino un auténtico representante de su pueblo, a veces errado y culpable, otras veces probado, y siempre librado por la poderosa fidelidad de su Dios.
Si se estudian los otros salmos atribuidos a David, pero que no se relacionan con pasajes de su historia, vuelve a aparecer la misma figura: un justo que sufre (sal 21) o un pecador que se arrepiente (sal 31).
Además se presentan siete salmos de acción de gracias por una victoria o por una liberación (sal. 9; 20; 29; 65; 102; 123; 143); siete himnos de alabanza a Dios, Señor del mundo, del cosmos y de la historia (sal 8; 18; 28; 32; 67; 138; 144); seis elogios del justo y su bienaventuranza (sal 14; 15; 23; 100; 130; 132); tres poemas al rey-mesías (sal 19; 71; 109) y uno por Jerusalén (sal 121).
Pero, a pesar de estos últimos, el David del Salterio es un hombre incomprendido, perseguido, pecador. Es la figura del Siervo del segundo Isaías, y que los autores de los evangelios identificarán con Cristo.
4. David, figura de Cristo.
Visto bajo esta perspectiva el salterio se presenta como un trabajo de selección de aquellos poemas que equiparan a David con la figura del Siervo de Yahvé. Los salmos pasan a ser, entonces, el canto que pronuncia el mismo Siervo, enriqueciendo de este modo el misterio y el silencio de ese personaje del profeta Isaías.
Y es con la imagen que presentan esos salmos con la que se identifica el mismo Cristo, cuando les enseñaba a sus discípulos todo lo que se decía en los salmos acerca de Él (cf. Lc 24,44). Por otra parte son estos salmos, que en sus títulos se atribuyen a David, los que son más citados en el Nuevo Testamento.
El David de los salmos representa la esperanza de los pobres de Israel (anawim). Él mismo se llama "pobre" (anav). El salmo 33, por ejemplo, que lleva por título "de David" dice:
5. Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias;
6. contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
7. Este pobre invocó al Señor, y él lo escuchó
y lo salvó de sus angustias;
Y el mismo salmo 21 que canta Cristo en la Cruz (Dios mío...) sigue más adelante diciendo así:
Líbrame a mí de la espada,
y a mi única vida, de la garra del mastín;
sálvame de las fauces del león,
a este pobre, de los cuernos del búfalo.(v.22)
6. Conclusión.
Los títulos de los salmos no pueden dejarse sin perder una riqueza que la Biblia y la tradición han conservado. Ya los padres de la Iglesia comentaban largamente cada uno de esos títulos y solían encontrar en ellos la clave de lectura de cada salmo (como si fuese una antífona). Desde san Atanasio hasta Casiodoro, pasando por el gran comentario de San Agustín, los padres de la Iglesia consideraron imprescindible para el rezo de los salmos saber qué título lleva.
Por lo que vimos arriba, el encontrar el nombre "David" delante de un salmo no puede dejar indiferente al que lo reza. Ese título le está diciendo que todas esas angustias y tribulaciones que los salmos ponen en sus labios no son simples circunstancias que se viven en este mundo, sino que son el camino por el cual Yahvé, el Señor, conduce a sus elegidos: a David como figura, a Cristo como su realización perfecta, y finalmente, para el que los toma como su oración propia, "para llevar a plenitud lo que falta a la pasión de Cristo" (Col 1,6), y realizando la promesa hecha en el salmo 1:
...será como un árbol
plantado al borde de la acequia...(v.3).
NOTA:
La tradición hebrea dio también gran importancia a los títulos de los salmos. Si tomamos, por ejemplo el salmo 33 con su título, que vimos más arriba :
David se hace el loco ante Abimélek y lo echan.
Podemos ver cómo los comentaristas dan luz sobre el salmo con el contenido del título. De este modo el primer versículo del salmo dice:
Bendigo al Señor en todo tiempo,
Su alabanza estará siempre en mi boca...
En el comentario a este salmo el Midrash, (comentario) judío, narra esta simpática situación que revela también un método exegético:
"Las palabras bendigo al Señor en todo tiempo se tienen que considerar a la luz de lo que dice la Escritura en otro lado: Ha hecho todas las cosas bellas a su tiempo (Ecle.3,11)
"Todas las cosas que el Santo, bendito sea, ha hecho en este mundo, las ha hecho bellas. David dijo al Santo, bendito sea: Todo lo que has hecho, lo has hecho bello, pero la obra más bella es la sabiduría, como se dice en otro lado: ¡Qué magníficas son tus obras Señor, todas las hiciste con sabiduría (sal 103,24). Para David significaba: todas las cosas las has hecho con sabiduría y las has hecho bien, con excepción de la locura. Entonces David dijo al Santo, bendito sea: Señor del universo ¿qué ventaja saca el mundo de la locura?. Cuando un hombre da vueltas por los mercados, desgarra sus vestidos, y los niños lo humillan corriendo detrás de él, ¿es esto acaso agradable a tus ojos?. Respondió el Santo, bendito sea: ¿Discutes el valor de la locura? ¡Por tu vida, tendrás necesidad de ella! (Como dice Salomón: quien desprecia una cosa, será dominado por ella, Pr 13,13).
¿Qué significa esto? Que en la hora de la necesidad, un hombre tendrá necesidad de las cosas que antes despreciaba. Te digo aún más, dijo el Santo, bendito sea, Anhelarás y pedirás la locura, antes de que te la haya dado a gustar.
Después de un tiempo, cuando David había caído ya en desgracia frente a Saúl, huyó donde estaba Akísh... Entonces le dijo el Santo, bendito sea: ¿Vas donde Akísh? ¿Has matado a Goliat, el filisteo, y hoy vas donde Akísh, rey de los filisteos, con la espada de Goliat en la mano? ¡No se ha secado todavía la sangre y el hermano de Goliat pertenece al cuerpo de guardia del rey y tú vas donde Akísh!.
Cuando los filisteos vieron llegar a David, dijeron al hermano de Goliat: Aquí está David, que mató a tu hermano Goliat, ha venido donde Akísh!. Y dijeron a Akísh: ¡Adelante, matemos a aquel que mató a nuestro hermano!.
Pero Akísh respondió: ¿No fue un combate leal en el que David mató a tu hermano?. Y si tu hermano hubiese matado a David, ¿no hubiese sido un combate leal?. ¿No te acuerdas que tu hermano estipuló un pacto con aquel hombre que después le mató: "Si es capaz de ganarme seremos vuestros esclavos?.
Entonces le dijeron a Akísh: Si esto es como dices, ¡dale también tu trono, porque el reino le pertenece... Y así desconcertaron a Akísh.
En aquel instante David se aterrorizó, pero dijo: En el día del terror confiaré en ti (sal 55,4), y empezó a suplicar a Dios implorando: ¡Señor del universo, en esta hora de apuro respóndeme!. El Santo bendito sea, le preguntó: ¡Qué quieres que te dé?. Dijo David: Dame un poco de la locura que has creado. Replicó el Santo, bendito sea: ¿No te había dicho que el que desprecia una cosa, será dominado por ella? ¿Ves?. ¡Ahora me pides la locura!.
Por eso está escrito: Salmo de David, cuando se hizo el loco frente a Abimélek...
Y (David) fingió estar loco, cambiando su comportamiento, como se dice: Entonces comenzó a hacerse pasar por loco ante sus ojos, fingiéndose demente entre sus manos; trazaba signos sobre las puertas y dejaba caer la saliva sobre su barba (1Sam 21,14)...
También la madre y la hija de Akísh estaban locas, y las dos gritaban y gesticulaban en el palacio, mientras que David gritaba y se hacía el loco fuera. Entonces Akísh dijo a sus siervos: ¿Es que me hacen falta locos que me habéis traído a éste para que haga el loco en mi presencia? (1Sam 21,16).
Y en aquel instante David exultó por el don de la locura y en su alegría compuso este salmo acróstico diciendo al Santo, bendito sea: ¡Oh, qué buena es la locura! Bendigo al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mi boca, ya sea en tiempo de sensatez ya se en tiempo de locura.
Por eso encontramos al principio del Génesis: Y Dios vio todo lo que había hecho y vio que todo estaba muy bien." (3)
Con esta breve historia, característica de la tradición hebrea, se puede ver con mucha claridad cómo también ellos consideran muy importante el contenido de los títulos, y cómo también gracias a ellos, descubren a un David mesías que debe pasar por la prueba de la humillación para poder descubrir la riqueza y sabiduría de los designios de Dios.
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Notas
(1) RIVAS F., Guía para uso del Salterio como libro de oración, Coloquio 5 (1999) 24-28.
(2) En lo que sigue el trabajo de DU BUIT M., Le David des Psaumes, en Le Monde de la Bible 7 (1979), 7.
(3) Tomado de LIFSCHITZ D., La tradición hebrea y cristiana comenta los Salmos, Bilbao 1992, 32-36.